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Recuerdos de Muriel Viejo.

 

Jugaba haciendo túneles en los grandes montones de suave arena, carreteras por las que deslizaba un usado y viejo coche de hojalata.

Tenía mecanismo de cuerda pero mis manos lo guiaban diestramente acompañado por el ruido de mi boca.

Hice una pausa observando embobado como rítmicamente y tras un largo montón de tierra que atravesaba la plaza delante del olmo, aparecía el hierro de un pico, bajaba, aparecía otro un poco más adelante, bajaba, otro aparecía y así a lo largo de la profunda zanja acompasados por unos golpes apagados que producían al clavarse en la dura tierra.

Al poco tiempo, eran las palas que al relevo de los picos lanzaban la tierra suelta al largo montón haciendo que aumentara rápidamente.

¡Vamos mula vamos, arre, arre! Las fuertes voces me hicieron girar rápidamente la cabeza olvidándome de los hombres que imaginaba dentro de la profunda zanja de la plaza

De repente aparecieron por la boca-calle de la izquierda dos enormes mulas que resoplando por el esfuerzo tiraban de un carro con ruedas de camión, cargado con suave y húmeda arena casi blanca.

Benito y su padre Ángel las animaban conduciéndolas al lugar de descarga apropiado.

Con manos diestras y gran rapidez, comenzaron a levantar las tablas del piso del carro dejando caer la arena al suelo.

Tras colocarlas de nuevo, se montaron en el carro perdiéndose calle abajo hacia el camino del prado del concejo para cargar el carro de nuevo en rutina interminable.

Mi zapato parecía acariciar los números grabados en la tapa del registro del alcantarillado, al lado de la plaza. ¡DIOS! Cuanto tiempo ha pasado.

2010, musite, 50 años . Me deje llevar de nuevo tras un hondo suspiro por mis viejos y gratos recuerdos.

Cuantos juegos corriendo por aquellas zanjas prohibidas, cuando los hombres terminaban su duro y agotador trabajo.

Venían a trabajar (en bicicleta) de otros pueblos, de Cubilla, de Cubillos…

Y cruelmente a menudo, provocábamos el enfado del bueno de Mariano (El PEPSSI).

No sabía cómo pero decían que tendríamos agua corriente, cada casa una fuente, pensaba, también colocaban tuberías para poner cagaderos en casa.

Se acabo el ir a por el botijo a la fuente vieja, tampoco tendríamos que ir a tirar los pantalones a la peña o hacerlo en la cuadra con las vacas.

Fue una gran gesta, una gran empresa, quizás la más grande realizada sin olvidar la de la fábrica de la sierra y la de la luz eléctrica.

Transformaron nuestros mayores totalmente el pueblo, también hicieron aceras y calles empedradas y sin barro, en el cemento de ellas, nuestras gallinas, perros y otros animales dejaron sus huellas hoy tapadas por el asfalto.

Sería bonito escuchar de los mayores que nos quedan, anécdotas, opiniones y vivencias que otros ignoramos.

Quiero pedir a los que tengan fotos, cifras, datos…que las aporten y se unan a este humilde homenaje que con mis recuerdos de niño, quiero ofrecerles en prueba de mi gratitud y respeto.

Humildemente también pedir a quien corresponda alguna forma de homenaje o reconocimiento a nuestros mayores que participaron para conmemorar estos 50 años.

Texto de Fernando Marina Cubilla 22/01/2010.


 
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